No quiero pecar de engreído,
pero tengo que reconocer que fui testigo de la 1ª Exposición Universal de la
historia en 1851 en Londres, conocida como “Gran Exposición”. Su apertura fue
el 1 de Mayo en Hyde Park, bajo la cubierta del deslumbrante Palacio de
Cristal.
Se me ofreció la posibilidad
de organizar excursiones en tren al “Crystal Palace”, sede de dicha exposición.
Llevé a nada más y nada menos que a 165.000 personas. Incluí el servicio de
guía e intérpretes.
El príncipe Alberto, esposo
de la Reina Victoria fue el principal promotor de esta exposición.
Esta exhibición
mostraba los productos de todo el mundo. En ella se destacó la presentación de adelantos
tecnológicos, arte contemporáneo, productos industriales y la difusión de
determinados inventos.
Fue un éxito sin precedentes
para la ciudad. El entusiasmo se adueñó de los más amplios círculos. No sólo
consiguió impresionar a Londres y al mundo entero, sino que el evento se
convirtió en punto de referencia de la historia del turismo, además de un negocio muy
rentable. Por primera vez, el espectáculo del
mundo se ofrecía a todos los públicos. Su lema fue el progreso.
Las exposiciones universales han ido perdiendo en gran
parte su carácter primario. Participar en las exposiciones posteriores se ha
convertido en una forma oficial de representación mientras que en 1851 las
autoridades no se ocupaban del acontecimiento, ahora son los gobiernos de cada
país los grandes empresarios.
Después de la exposición universal de Londres, en 1855
realicé mi primer viaje organizado al extranjero. El destino fue a la exposición
Universal celebrada en París, desde Leicester a Calais. Sólo pude realizar una
excursión pero nunca he sido un hombre que me desanimase fácilmente.
He recopilado las exposiciones celebradas hasta la
fecha de este periódico y he encontrado las siguientes:
1851: Londres; 1855: París; 1862: Londres; 1867: Paris; 1873: Viena;
1878:
París; 1880: Melbourne; 1888: Barcelona; 1889: París; 1897: Bruselas
1900: París; 1904: San Luis (EE.UU); 1905: Lieja (Bélgica); 1906: Milán
(Italia)
1910:
Bruselas (Bélgica); 1913: Gante (Bélgica); 1929: Barcelona
1958:
Bruselas (Bélgica); 1967: Montreal (Canadá); 1970: Japón
1986:
Vancúver (Canadá); 1992: Sevilla; 2000: Alemania;
2010: Shanghái
(China); 2015: Milán (Italia)
Las ciudades
que celebran un evento de esta índole se convierten durante seis meses en
capitales del mundo, en el escaparate perfecto y centro de todas las miradas,
se afianzan lazos entre países. Se genera empleo. Las ciudades se transforman
urbanísticamente, se construyen nuevas infraestructuras que después de la
celebración se aprovechan reconvirtiéndolas en lo que consideren oportuno. En
definitiva, es una fuente de ingresos importante.
Supongo que
con todos estos avances en comunicaciones no surgiría ningún problema ante el
desplazamiento de personas para disfrutar de todos estos eventos.
Desgraciadamente hace mucho tiempo que dejé de hacer falta para la
planificación de viajes. Los diferentes medios de transportes están a
disposición de todo el mundo, a libre elección según las preferencias y las posibilidades económicas de cada usuario.
THOMAS COOK